Tergiversa las causas de un juicio y lo limita a las palabras "nuevo rico" y no a la acusación de aprovechar un cargo en el Gobierno para beneficiarse con contratos gubernamentales, son cosas que a estas alturas debemos esperar por parte de quienes han estado acostumbrados a imponer su verdad. Pretende confundir la libertad de expresión con la irresponsabilidad. La opinión con la injuria. Como si a cuenta de libertades se justificara los evidentes ataques contra el derecho a la honra. Como si estuvieran por encima de la ley por el mero hecho de ser bien o mal pagados para escribir una columna.
A quienes no coinciden con su visión, los llama "paniaguados" y "tristes sastrecitos". Define como "estupidez" el hecho de considerar la posibilidad de asumir una responsabilidad ulterior. Esa pretensión de altura moral resulta chocante si consideramos que poco o nada dijeron cuando enjuiciaron y condenaron a prisión a Peter Tavra por una nota redactada por él, cuyo titular decía "Coyotera detenida se fugó de clínica’".
A quienes no coinciden con su visión, los llama "paniaguados" y "tristes sastrecitos". Define como "estupidez" el hecho de considerar la posibilidad de asumir una responsabilidad ulterior. Esa pretensión de altura moral resulta chocante si consideramos que poco o nada dijeron cuando enjuiciaron y condenaron a prisión a Peter Tavra por una nota redactada por él, cuyo titular decía "Coyotera detenida se fugó de clínica’".
O mejor aún. ¿Dónde estaban los paladines de la libertad de expresión cuando Guadalupe Mantilla dio su famoso discurso a los periodistas de El Comercio?
Suponiendo que los ecuatorianos no tengan derecho a la honra, y que aquellos que se creen por encima de la ley sean los únicos con altura moral para decidir qué es correcto o no, ¿no deberían cuestionarse a sí mismos por defender lo que está fuera de la ley en vez de asumir la responsabilidad de sus actos?
Otra pregunta: ¿De cuándo acá son la medida de la moral y la ética? ¿Son iluminados que deciden qué y cómo deben creer, decir y hacer los demás?
Basta recordar la actitud de Carlos Jijón con varios colaboradores de La República, a quienes hostigó por no defender a Emilio Palacio en sus mismos términos.
Recientemente increpó a Pablo Garzón por cuestionar durante una charla con Jorge Alvear, y en calidad de lector, el trato que le dio a una noticia. Según esa visión, los que no defienden a rajatabla sus puntos de vista y actitudes, y osan cuestionarlos con argumentos, son gobiernistas.
No importa que, como en el caso de Marcelo Dotti contra varios tuiteros, sea público y notorio que no son afines al régimen. O que como Jorge Alvear, pretendan vender la idea de que son son ellos los objetivos, y los que no coinciden, los mentirosos o engañados.
No faltarán quienes caigan en el falso dilema, o terminen tuiteando a gusto de los iluminados para evitar que los llamen correístas.
Los dilemas que no se plantean los anticorreístas, objetivos, imparciales, no-correístas, o como quieran definirse en una circunstancia determinada, son:
¿Permiten los opositores ejercer su libertad de expresión y de pensamiento a quienes están en desacuerdo con lo que hace el Mashi?
¿Permiten los opositores ejercer su libertad de expresión y de pensamiento a otros opositores?
¿De cuándo acá los opositores, independientes, anticorreístas o neutrales deben defender lo indefendible para no ser catalogado de paniaguados, cómodos, tibios, correístas o cobardes?
¿Existe una posibilidad de diálogo o debate con opositores que insultan, adjetivan y humillan públicamente a quienes no atacan al mashi con la misma vehemencia?
¿Quién les dio a aquellos opositores la potestad de decidir sobre qué, cómo y con quién se debe debatir, opinar o hacer oposición?
¿Será que para desviar el debate sobre lo que planteo en este post se dedican a criticar al Mashi justo por eso?
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